Cartas desde el azul - Nereita

Imposible no pensar. Has sido una parte importante de nuestras vidas. Desde 1989 hasta nuestros días siempre estaban esos tus ojos grandes y esa sonrisa alegre, vivaracha, siempre dispuesta a jugar "una vez más ¡Markutxi!", y un abrazo enorme. Esto ya no más. El último en Unamuno. Las fiestas de la Uni, las andanzas entre Deusto y Lejona, los primeros coches... Alvarito construyendo Jaguars y Porsches. Imposible no recordar las tardes de manta y película en la casita de Galdakao. Imposible no regresar a la casa de Algorta, ¡qué fiesta!; a las excursiones al Carrefour, a las tardes de verano en La Rioja, a la batalla del clarete, la piscina, las parrillas... Imposible no verte empapada y riendo, abrazada a Ana, rodeada de tus amigas. Y el día que nos mostraste Ugaitz..., el chiquitín que se llevó a Lucera. La comida que hicimos en Briones, ¿te acuerdas? Con Koldo, Cristi, Icíar, Jesus... Imposible no quererte. Mi buen Álvaro encontró en ti su remedio. Hoy lloramos tu ausencia. No cumplimos la promesa. No celebramos tu recuperación. Así, ya no hay música ni poesía. Nada consuela. Sólo el dolor se manifiesta. Verter lágrimas y desear creer que hay algo allá que espera. Y mientras tanto seguir, vivir, amar, cuidar y aguardar en calma la hora que siempre llega. ¿Cómo decirte adiós, amiga? No hay palabras, no quedan. Te las has llevado contigo. Prefieres vernos riendo que lamentando, lo sé. Esta vez el tiempo no ha dejado atrás las vidas que compartimos. Este 11 de octubre es para ti Nerea. Todos los animales que tanto cuidaste -todos- velarán tu sueño.




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